jueves, 5 de mayo de 2016

LA PELĺCULA “MANOS DE PIEDRA” A CANNES

El actor venezolano Edgar Ramírez, Robert De Niro y Rubén Blades en la película “Manos de Piedra”.

La cinta biográfica sobre el boxeador panameño Roberto Durán "Hands of Stone" ("Manos de Piedra"), escrita y dirigida por el venezolano Jonathan Jakubowicz, se exhibirá en mayo en el Festival de Cine de Cannes.

El festival anunció que rendirá homenaje a Robert De Niro en el Grand Theatre Lumière del Palais des Festivals durante una función especial única del filme en la selección oficial.

"Después de tantos años de trabajo es difícil imaginar algo más emocionante que esto", dijo Jakubowicz.

"Es un privilegio enorme que Cannes haya decidido homenajear a De Niro con nuestra película", añadió. "Varios de mis directores preferidos están en la selección oficial. No puedo más que agradecer a todos los que creyeron en el sueño de contarle al mundo la historia de Roberto Durán".

La película, distribuida por The Weinstein Company, es protagonizada por el actor venezolano Edgar Ramírez como Durán y De Niro como su entrenador, Ray Arcel. También actúan Rubén Blades como uno de sus promotores, Carlos Eleta, y el cantante Usher como el pugilista Sugar Ray Leonard, su máximo rival.

"Estoy emocionado de volver a Cannes, en especial con esta película 'Hands of Stone' de la que estoy tan orgulloso", dijo De Niro en un comunicado emitido por el festival. "Esta película es edificante, victoriosa y un disfrute para la audiencia, así que estoy deseoso de ver a mis amigos de todo el mundo del cine acompañándonos en este divertido evento".

Rodado en Panamá a lo largo de 13 semanas entre 2013 y 2014, el filme narra la vida de un ícono del boxeo internacional: una figura que salió de un barrio pobre de la capital panameña y que a lo largo de tres décadas ganó cuatro títulos mundiales en diferentes categorías y protagonizó numerosos combates memorables.

Durán, de 64 años, se retiró del cuadrilátero en 2002. Es un ídolo nacional en Panamá y sirve a su país como embajador deportivo desde hace años, además de viajar por el mundo firmando autógrafos.

'Hands of Stone' es el clásico De Niro. Cualquiera que conoce a Bob, sabe la pasión que tiene por el boxeo y su gran aporte a esta película la hizo muy realista e inteligente", expresó por su parte el productor Harvey Weinstein.

"En nombre de la compañía, estamos emocionados de que el Festival de Cannes haya elegido honrar a Bob este año con una función especial. Promete ser una noche divertida y fantástica para rendir tributo a uno de los grandes hombres de nuestra industria", agregó.


La película llegará a las salas de cine comerciales de Estados Unidos el 26 de agosto de 2016.


Estamos muy pendientes de poder ver esta prometedora gran película sobre la vida de Durán, la gran leyenda del boxeo que conquistó 4 Títulos Mundiales y combatió por 5 décadas, llevando el nombre de Latinoamérica siempre en alto.

Miguel Dupouy Gómez y Roberto “Manos de Piedra” Durán.

Pude conocerlo en varias ocasiones, siempre derrochando su carismática alegría y amabilidad para todos los que lo admiramos en su larga y fructífera carrera.

Durán había participado en varias películas como actor: “Rocky II” (1979) y “Noches de Harlem” (1989).

Roberto Durán Samaniego nació el 16 de junio de 1951.

Enfrentó y derrotó a los boxeadores venezolanos: Alirio Acuña (el 13/5/1975) en Chitre (Panamá); Armando Mendoza (el 16/2/1974) en la ciudad de Panamá (Panamá); José Acosta (el 21/03/1971) en la ciudad de Panamá (Panamá).

En su carrera profesional Durán ganó en 113 ocasiones y fue derrotado en 16 oportunidades.

El veterano cronista estadounidense Rich O’Brien, catalogó a Durán en el número 3 entre "Los Diez Más Grandes Boxeadores Libra por Libra".

El veterano Bert Sugar, ubicó a Roberto Durán en el puesto 8 (de 100 elegidos), entre los “Más Grandes Boxeadores de todos los tiempos”.

La prestigiosa revista deportiva “Sports Illustrated”, le otorgó a Durán el primer lugar entre "Los Diez Más Grandes Pesos Ligeros de todos los tiempos".

La cadena ESPN clasificó a Durán en el lugar número 6 en la lista de "Los 50 Mejores Boxeadores de la Historia".

Para la revista “The Ring”, Durán es el número 5 de la lista de "Los 80 Mejores Boxeadores Históricos entre los años 1922-2002". En el 2003, la misma publicación le otorgó el lugar 28 en su lista de "Los 100 Mejores Golpeadores en la Historia del Boxeo".

Pueden ver el Trailer de la película “Hands of Stone”, próxima a estrenarse:

Trailer de la Película “Hands of Stone”.

miércoles, 27 de abril de 2016

UNA GALERÍA DE CAMPEONES ABSOLUTOS DE BOXEO

Quiero compartir con ustedes, un escrito del señor A. Díez de las Heras, publicado en “Estampa” (España) en año de 1930:

AL PRIMER CAMPEỐN DE BOXEO DEL MUNDO, QUE ERA GRIECO, LE COSTÓ EL CAMPEONATO UNA OREJA Y UN OJO

El primer campeón del mundo de boxeo fue Onomastos, de Smirna, que se calzó el título en los Juegos de la 41º olimpíada.

En aquella feliz época, los Juegos Olímpicos podían considerarse como los únicos y verdaderos campeonatos mundiales de todos los deportes.

No sabemos que el Comité olímpico de entonces sostuviera luchas con las Federaciones Deportivas Internacionales. ¡Ah! Desde luego no se había planteado el problema de la “manque a gagner”, que tanto preocupa a los olímpicos de nuestros días.

EI pugilato de los juegos clásicos era un ejercicio rudo y peligroso. Un campeón de todas las categorías del siglo VI antes de Jesucristo hacía así el relato de su “récord” a las divinidades paganas:

“Yo, Androlaos, he disputado, ¡oh, Zeus!, todos los combates de pugilato organizados en Grecia. En Olimpia he dejado una oreja y en Platea uno de mis ojos.

Mi padre, Damóteles, ha ordenado a mis conciudadanos que no me saquen del estadio sino muerto”. Demasiado deportiva la actitud de este papá "manager", que espantará a los "segundos" de hoy día, humanitariamente dispuestos a arrojar en seguida la esponja...

PERO EL BOXEO, DICEN LOS INGLESES, ES UN DEPORTE INGLÉS

El pugilato da un salto de siglos desde la Grecia antigua hasta tiempos más modernos, y reaparece, como casi todos los deportes de origen clásico, en la Gran Bretaña.

En el siglo XV los combates a puño desnudo son muy populares. Muy sangrientos y frecuentemente trágicos también, no son por ello menos gustados por los súbditos de Eduardo III.

Los ingleses, que con justicia reivindican su prioridad histórica en todos los deportes, se jactan de haber poseído el primer campeón del mundo de boxeo: Tom Figg en 1719.

No existiendo una organización seria del pugilismo, cuya práctica, por otra parte, bastante bárbara todavía, estaba prohibida en todos los países, nos sorprende que existiera algún confusionismo en la transmisión del título.


En 1880 el americano Paddy Ryan fue, sin embargo, reconocido universalmente como campeón del mundo de todas las categorías. En 1886 se disputó un combate entre Jack Kilrain y el campeón de Inglaterra, Jem Smith, en el que se adjudicó el título mundial al vencedor Kilrain.


Pero al año siguiente, el bostoniano John Lawrence Sullivan se nombró a sí mismo campeón del mundo, y no sin razón, puesto que había vencido a los dos campeonas oficiales dos veces a Paddy Ryan y una a Kilrain.

Los ingleses trataron en seguida de buscarle un adversario.

Lo encontraron en su campeón nacional Charlie Waston Mitchell, pugilista de extraordinaria resistencia, bien que no pesaba más que 75 kilos.

El combate se celebró en Chantilly (Francia), poniendo en juego cada uno de los contendientes una apuesta personal de 500 libras.

En los combates a puño desnudo, los "rounds" no tenían una duración fija, sino que su final se señalaba por la caída de uno de los adversarios.

Todos los asaltos de este memorable combate terminaron por la caída de Mitchell. El primero duró 7 m. 7 s.; el segundo, 50 s. solamente; el tercero y el cuarto, 1 m. 30 s.; el quinto, 1 m. 15 s.; el sexto, 6 m. 50 s., y así sucesivamente. Después de dos horas de combate empezó a llover a torrentes (el "ring", según el uso del tiempo, estaba al aire libre, sobre la hierba).

Por fin, los dos combatientes, con el rostro tumefacto, cubiertos de agua y de sangre, después de un “round” que había durado 30 minutos, pidieron el “match” nulo, que el árbitro no vaciló en conceder.

La pelea había durado tres horas y diez minutos, y sus protagonistas descansaron de sus terribles fatigas en las celdas frías de la cárcel de Senlis, adonde los condujo la gendarmería, que hizo su aparición en los últimos momentos...

EL BOXEO EN LA ACTUALIDAD: DE SULLIVAN A SCHMELLING


John L. Sullivan, campeón indiscutido después de tal sucesión de hazañas, puso su título en juego el 7 de septiembre de 1892 en Nueva Orleáns, frente a Jim Corbett, un joven burócrata americano, que si no poseía una gran fuerza, se hacía notar por su boxeo científico. Su habilidad y su destreza triunfaron de la resistencia de! coloso bostoniano, al que puso fuera de combate para el campeonato mundial, disputado con puños enguantados, y del que arranca la verdadera historia regular de esta famosa prueba.

James Corbett, que mantuvo el título cinco años, desde 1892 a 1897.

Corbett conservó el solio mundial del puñetazo hasta el 17 de marzo de 1897, en que el gran científico del boxeo Bob Fitzsimmons lo puso fuera de combate, después de catorce asaltos, en Carson City (Estados Unidos). Para los que hablan demasiado a la ligera de la "vejez" de los pugilistas, consignaremos el dato de que el gran Bob contaba a la sazón treinta y seis años.

Bob Fitzsimmons, que a los treinta y seis años obtuvo el título de campeón en Carson City (Estados Unidos), de derrotar a Corbett.

Dos solamente conservaba el título. El 9 de junio de 1899, James J. Jeffries, el Hércules de cien kilos, le ponía fuera de combate en Nueva York, en once "rounds".

El nuevo campeón resistió durante largo tiempo lodos los asaltos que se dirigieron a su glorioso título; venció sucesivamente a Corbett, reaparecido; a Sharkey, a Rublin, a Munroe y a “tuttí quanti”. Parecía que no había nacido el hombre capaz de abatir su ciclópea fortaleza.


James J. Jeffries, el hércules de cien kilos, que derrotó a Fitzsimmons en Nueva York, el 9 de junio de 1899.

El 3 de julio de 1905, en Reno (Nevada), arbitraba Jeffries un combate entre Jack Root y Marvin Hart. Terminó el encuentro con la victoria de Hart, y al levantar su brazo victorioso, Jeffries exclamó:

—¡Este es el único hombre capaz de sucederme! ¡Este será desde hoy el campeón del mundo, pues yo no volveré a pisar un "ring"!

Aquella original transmisión de poderes fue, sin embargo, aceptada por todo el mundo. Tommy Burns, un canadiense de origen francés, lanzó seguidamente su reto al campeón novicio, al que batió al año siguiente, el 16 de febrero, en Los Ángeles, por puntos, en veinte asaltos.

Tommy Burns, canadiense, de origen francés, campeón en 1906.

El 26 de diciembre de 1908 es una fecha que quedará registrada con piedra “negra” en los anales del pugilismo. Por primera vez un hombre de color conquistaba el supremo título mundial. El hombre que reivindicaba así los fueros de la fuerza de la raza negra era Jack Johnson, el coloso de ébano, el más formidable púgil quizá de todos los siglos. El combate se disputó en Sidney (Australia), y fue suspendido por la policía en el 14 “round”, cuando Tommy Burns no era sino una piltrafa viviente ante Johnson y sonaban los primeros tiros de revólver con que los blancos, enfurecidos, trataban de contener la alegría desbordante de los hombres de color, que veían en Johnson el vengador de muchos siglos de esclavitud.


Jack Johnson, el coloso de ébano, el más formidable púgil de todos los siglos, que derrotó a Tommy Burns en un encuentro memorable que se disputó en Sidney (Australia).

Johnson, al que los españoles conocieron en los años de la guerra llevando una vida arbitraria y sospechosa, perdió el título el 5 de abril de 1935, en La Habana, ante Jess Willard, Para muchos este combate no fue sincero.

Jess Willard, que le arrebató el título a Johnson en 1915.

En la película del encuentro, celebrado al aire libre, puede, en efecto, verse que al producirse el pretendido "knock-out" en el asalto 26, Johnson no debe estar tan desvanecido cuando se cubre los ojos con el brazo para librarlos de los fuertes rayos del implacable sol tropical...

Jack Dempsey venció fácilmente a Willard en Toledo (Ohio) el 4 de julio de 1919. Desde el primer asalto lo había desbaratado de un "hook" de izquierda en la barbilla; al terminar el tercer "round", los cuidadores del de Kansas arrojaron la toalla al "ring", reconociendo vencido a su pupilo.


Jack Dempsey, el vencedor de Willard en Toledo (Ohio), el 4 de julio de 1919.
Gene Tunney, el comentador de Shakespeare, que derrotó a Dempsey, arrebatándole el título de campeón.


El actual campeón, Schmelling, que se adjudicó el título abandonado por Tunney.

El encuentro Dempsey-Tunney, en que aquél perdió el título; la retirada “a lo Jeffrie” del viajero incansable y comentador de Shakespeare; el combate Sharkey-Schmelling, en que se ha adjudicado el titulo abandonado por Tunney un tanto confusamente, son historias demasiado recientes para que sea preciso recordárselas al lector.


A. DIEZ DE LAS HERAS.

"Estampa", 1930.

lunes, 25 de abril de 2016

GEORGE BERNARD SHAW HABLA DE BOXEO

A la izquierda: George Bernard Shaw.
A la derecha: Hall Caine.

En el mes de agosto de 1927, el famoso escritor irlandés George Bernard Shaw, le escribió al célebre novelista inglés Mr. Hall Caine una carta de protesta sobre la supuesta brutalidad del boxeo.

Shaw estaba de acuerdo prácticamente con todo lo que señalaba Hall Caine aunque quiso aclarar solamente sobre un punto:

“La crueldad del boxeo es imaginaria. Esto no implica que los combatientes no se hieran. ¡No! Pero tampoco sufren más de lo que un atleta debe y tiene que sufrir en la rutina regular de su entrenamiento diario. Lo cierto es que ningún muchacho razonable, pero de contextura atlética, se abstiene del boxeo por el dolo que él envuelve, a pesar de que muchos de los jóvenes que se dedican a prácticas boxísticas salen de ellas en peores condiciones que las de Dempsey y Sharkey cuando éstos terminaron su reciente pelea en Nueva York.

Estoy seguro de que la mayoría de los boxeadores declinarían aceptar un remo en una regata universitaria, arguyendo que prefieren el deporte a que se han dedicado, por menos arduo, pues en éste por lo menos disfrutan de un descanso de nueve segundos sobre la lona del ring, amén de que cuentan….

Nadie que no haya ensayado el boxeo puede tener una idea de lo difícil que es golpear a un boxeador, aún cuando yo he visto, y como yo, muchos, que hombres sin ningún conocimiento del deporte, se golpean de manera tan feroz que en menos de treinta segundos ambos quedan en una condición que el sólo contemplarla obligaría a Tunney, a Dempsey y a Carpentier, a meterse a un convento a pasar tranquilos los días que les resten por vivir.

No hay duda de que los buscadores de sensaciones que pagan 25 dólares por ver algo terrible, creen que lo que ven es terrible en verdad, y el empresario del espectáculo que cobra esos 25 dólares, naturalmente que no trata de matar esa ilusión. Pero si el público supiera cuán poco daño se hacen los boxeadores, de seguro que exigiría la devolución del dinero pagado en la taquilla.

Por lo tanto, le pido a Hall Caine que no gaste en balde su espíritu humanitario. Si él y yo, cuando teníamos la edad de Sharkey hubiéramos recibido por nuestros éxitos siquiera la mitad de lo que el púgil bostoniano recibió por su derrota, nos hubiéramos considerado los hombres más felices de la tierra.

El puritano que antaño se oponía a que acosaran y molestaran a los osos de diversión, tuvo razón cuando declaró que no lo hacía por lo que sufría la bestia, sino porque el placer que experimentaban los espectadores era más condenable que el atropello del animal. Si los espectadores creen que lo que están viendo no es un certamen de habilidad que se desarrolla entre dos atletas que no tienen ninguna razón de odiarse, sino que se trata de una rabiosa pelea de odiosidades, entonces no hay duda de que el boxeo es inmoral. Y si los periodistas que nada saben de boxeo escriben crónicas sangrientas acerca de los encuentros, cometen la falta de fomentar la inmoralidad. Por lo tanto, sugiero que las autoridades declaren falta castigable el que cualquier periódico publique crónicas de boxeo escritas por individuos que no hayan pasado antes por un gimnasio donde boxeadores profesionales les hayan enseñado a conocer su mano derecha.

En lo que respecta a los organizadores de espectáculos boxísticos, yo los obligaría a que solo presentaran peleas de verdaderos expertos, pues no hay nada más aburrido que un encuentro entre dos principiantes. Ahí no hay ni la genuina brutalidad de la pelea, ni el interés de una lucha hábil.

Lo que mató al deporte del boxeo en todo el siglo XIX, no fue la brutalidad de los boxeadores, sino por el contrario, la simpleza de las peleas.

En cuanto al analfabetismo del “ring”, ya no existe en nuestros días. El pugilismo ha adquirido un considerable gusto literario, y lo raro es que Sir Hall Caine no lo haya notado. En este deporte hay algo que atrae irresistiblemente a la romántica cobardía de todos los escritores de historias novelescas. Y aún los mismos boxeadores manejan la pluma actualmente. Norman Clark, conocido ex-boxeador, no sólo ha escrito un tratado sobre boxeo, sino que también nos dio una exposición popular de la filosofía Kantiana. La autobiografía de Carpentier es tan vivaz e individual, que es imposible creer que fuera manufacturada por agentes de prensa asalariados. Mr. Tunney quien estuvo a punto de hacer una interpretación cinematográfica de mi novela “La Profesión de Cashel Byron”, al leer ésta se reveló como un concienzudo crítico al puntualizar los errores técnicos que la hacían inadaptable a la pantalla.

Estos pugilistas literatos son los únicos que pueden mantener el interés de los espectadores cuando luchan ante el público.

Los boxeadores norteamericanos de la actualidad llenan los periódicos con artículos, no sobre la técnica del deporte, sino sobre psicología y otros tópicos.

Y dentro de poco no será raro que los púgiles exhiban títulos universitarios que los autoricen a colgarse una larga serie de letras al final de sus nombres, amén de un considerable índice de las obras que han publicado.

Para finalizar, debo decir que no creo que los empresarios de boxeo compartan el humanitarismo de Sir Hall Caine en lo que respecta al sufrimiento de los combatientes, pero si les aconsejo de una manera formal, que consideren el peligro que corre el negocio en vista….

En el futuro “el ring” se levantará en los grandes estadios que almacenan centenares de miles de personas, sino en cualquier rincón de un estadio de Cinelandia. A esto llegaremos porque las vastas colecciones de gentes que con más dinero que cerebro patrocinan el deporte del boxeo, algún día advertirán lo caro que pagan sus emociones.

George Bernard Shaw

Londres, agosto 1927.

Nota: George Bernard Shaw fue ganador de los premios Nobel de Literatura en 1925 y Cinematográfico “Oscar” en 1938. 

sábado, 23 de abril de 2016

FELICITACIONES A COMBATE SPACE

Juan Larena y Marcelo González.

Desde Caracas, Venezuela, les envío mi caluroso saludo y felicitación por arribar, el prestigioso programa televisivo “Combate Space”, a su 25º Aniversario.

Les agradezco mucho por brindarnos cada semana sus entretenidas transmisiones de los eventos boxísticos que disfrutamos todos los aficionados.

A los buenos y destacados profesionales, señores Juan Larena y Marcelo González, mis congratulaciones por sus brillantes narraciones y atinados comentarios.

Les deseo que continúen los éxitos y su importante labor en beneficio de este deporte.

Muchísimas personas de distintos países los seguimos con interés, semana tras semana.

¡Enhorabuena!     
      
Miguel Dupouy Gómez
Caracas-Venezuela

miércoles, 20 de abril de 2016

CONFESIONES DE JACK DEMPSEY EN 1926


A continuación publico unas declaraciones dadas por el campeón mundial de los pesos pesados, de 1919 a 1926, Jack Dempsey, realizadas en Denver, Colorado (U.S.A.), en el año de 1926:

“Nunca he gozado del favor del público norteamericano. Puedo decir que desde que soy campeón del mundo la mayoría del público ha esperado mi derrota cada vez que he subido al ring. ¿De dónde proviene esta impopularidad? Lo ignoro. El día en que luché con Carpentier, un noventa por ciento de los espectadores deseaba la victoria del extranjero. Cuando me enfrenté a Harry Wills, mis compatriotas, a pesar del horror que tienen a los negros, esperaban aclamar a mi rival.

No quiero profundizar los sentimientos que no comprendo…ni comparto. No creo haber jamás, con mi conducta como boxeador, dado lugar a críticas. Siempre que he boxeado lo he hecho con valor y con lealtad.

Bill Brennan me puso en peligro. Cualquier otro hombre hubiera caído knocked-out con el golpe que me dio Carpentier en la quijada, en el segundo round de nuestro combate. Nunca estuvo Firpo más cerca del triunfo que cuando me sacó fuera del ring, en nuestro match. Pero siempre, aún inconsciente, he encontrado en mí mismo la fuerza suficiente para defenderme y para transformar en victoria lo que había parecido una irremediable derrota.

Esto es, ante todo, porque yo poseo una quijada de hierro, lo cual constituye una gran cualidad física, “el espíritu de lucha”, sin el cual no podría ningún hombre llegar a ser un campeón verdadero, cualesquiera que sean los recursos que disponga. El entrenamiento puede perfeccionar a un hombre; el trabajo puede desenvolver la virtuosidad y la resistencia; pero “el espíritu de combate” no se adquiere, nace con el individuo.

Yo no me hago ninguna ilusión sobre el porvenir. El día que me derroten ningún empresario volverá a contratarme. No importa que yo sea, entonces, rico o pobre. Si yo no me preparo yo mismo una vejez tranquila nadie vendrá a socorrerme. Por eso, como sé que trabajo para mi porvenir, me hago pagar caro.

Yo cobro muy caro. Este es un reproche que muchas veces me han hecho los periódicos. ¿Por qué ha de ser de otro modo? Siempre he querido que cada match me produzca más que el precedente. ¿No tenía razón, cuando las entradas seguían la misma progresión ascendente?

Convenceos de que no existe ningún boxeador que pueda dictar el tamaño ni el peso de la bolsa. El único que puede imponer esas condiciones es el público. El organizador sabe si el público, vendrá; si el match lo atraerá o no.

Ni el organizador ni los combatientes pueden decidir el asunto. El único juez –lo repito- es el espectador. Según el interés que éste tenga en el boxeador, así será el interés que tiene en verlo combatir. El día en que el campeón encuentre quien lo venza entonces nadie querrá verlo más. Es por esto por lo que es conveniente alejar el mayor tiempo posible la fecha de la derrota, que irremediablemente le llega a cada boxeador.

Cuando Tommy Burns le pidió a Mac Intosh seis mil libras por su encuentro con Jack Johnson en Sydney, todo el mundo se escandalizó. Tommy estaba loco! En aquel tiempo esa cantidad batía todos los récords. Mac Intosh no fue de la misma opinión; hizo un cálculo rápido y aceptó las condiciones. Él no era un Mecenas, sino un hombre de negocios. Si él hubiera supuesto que una pelea entre dos gatos salvajes hubiera llevado tanto público como el match Burns-Johnson, yo os garantizo que habría pagado el mismo precio, apartando a los boxeadores.

En la época de mis comienzos, yo boxeaba por el valor de una modesta comida, porque, siendo desconocido, el público no pagaba por verme. Yo he ganado más a medida que me hacía conocer. Así no existe alguna razón para que, fiel a los principios de los organizadores, no haya yo tomado la decisión de pedir cada vez más. El organizador acepta porque sabe que le conviene. Todos han hecho grandes beneficios conmigo. ¿Por qué no debo yo aprovecharme también?

Antes de que usted fuera campeón, se me dice con frecuencia, cien mil dólares eran un máximum; después del principio de su reinado usted ha cobrado 300.000 por un combate y algo así como 450.000 por otro.

Es la pura verdad.

Pero examinemos mejor los hechos: por pelear con Billy Miske, que recibió 25.000 dólares, yo gané 55.000; el organizador, Floyd Johnson, hizo una grande utilidad. Tex Rickard me dio 300.000 dólares por mi pelea con Carpentier, quien ganó 200.000. Ahora bien, los 74.900 espectadores hicieron una entrada de 1.626.580 dólares. ¿Se podría quejar? Por encontrarme con Tom Gibbons me fueron prometidos 310.000 dólares. El negocio resultó malo a causa de una mala organización. Ni Gibbons ni yo éramos responsables. Mi pelea contra Firpo me produjo la mayor suma que he ganado en mi carrera y Firpo ganó 125.000 dólares. Después de haber pagado todos los gastos, Tex Rickard se dio cuenta de que le quedaban 200.000 dólares. ¿Podía quejarse? Y yo os aseguro que ninguno de los 80.000 espectadores se arrepintió de haber gastado su dinero.

Si yo he cobrado más que cualquier otro boxeador, nadie puede quejarse. Yo trabajo para vivir, y, por mi trabajo, me hago pagar el máximum”.
Jack Dempsey

martes, 19 de abril de 2016

LA PRIMERA PELEA DE BOXEO REALIZADA EN MÉXICO

Según el escritor Heriberto Lanfranchi, el 24 de noviembre de 1895, se llevó a cabo en la plaza de toros de Pachuca, Hidalgo, la primera pelea de boxeo celebrada en la República Mexicana.

La pelea principal estaba pautada a 5 rounds “a puño limpio” entre el hombre de color Billy Clarke (que se decía campeón de Centro América) y el rubio inglés Billy Smith (que se decía campeón del peso mediano de Texas).

Clarke había ganado el primer round con algunos golpes poco reglamentarios. Smith detuvo a su oponente, en el segundo asalto, con un terrífico golpe con su izquierda a la nariz. En el tercer round, Smith continuó su severo castigo sobre Clarke. Billy Smith triunfó por knock-out en el cuarto asalto.

Como no usaron guantes, se destrozaron mutuamente la cara y toda la prensa capitalina protestó enérgicamente en contra de la contienda a puñetazos.

El espectáculo fue promovido por el Profesor James “Jimmy” Carroll, quien era propietario del Club Atlético Nacional de México, que se encontraba en un salón del hotel Iturbide.

G. H. Hewet actuó como árbitro de la pelea. Se estimó que asistieron unas 800 personas, entre ingleses, norteamericanos y mexicanos.

Previo a la pelea, se hicieron varias demostraciones boxísticas. El hijo mayor del Profesor Carroll, de nombre Charles, inició con una demostración golpeando el saco. Luego, hizo el mismo Charles Carroll un guanteo con el sparring Fred Steinbuch. Posteriormente, los jóvenes Arthur Carroll y George Williams deleitaron al público presente con una pelea. Más adelante, Jimmy Carroll (ex-campeón mundial semi-pesado) se enfrentó a Ed Price (ex-campeón de California), donde dieron un combate de “exhibición científico”.

sábado, 16 de abril de 2016

BATTLING SIKI: PRIMER CAMPEỐN DE BOXEO AFRICANO


A mediados de diciembre de 1925, falleció trágicamente en Nueva York (U.S.A.), el boxeador senegalés Battling Siki.

Presentaba su cuerpo dos heridas mortales producidas con arma de fuego. Se ignoró el móvil de hecho, aunque la viuda del extinto púgil señaló la posibilidad de que fueran unos contrabandistas de licores.

Ninguno de los boxeadores de esa época tuvo tan rápida notoriedad como Siki, cuyo nombre verdadero era Luis Siki Phal.

Nacido en Senegal, llegó a Francia con sus padres, iniciándose en el boxeo cuando tenía 10 años de edad, donde compartía labores en una fonda, lavando platos.

Tuvo relevante actuación durante la Primera Guerra Mundial, combatiendo para el Ejército francés, en el 8vo. Regimiento de Infantería, por cuyas valerosas actuaciones fue condecorado con “La Cruz de Guerra” y “La Medalla Militar”.

Al finalizar la Primera Guerra Mundial, se dedicó de lleno al boxeo. Para el 1 de noviembre de 1919, Siki tenía un impresionante récord de 43 victorias, en 46 combates, con 21 knock-outs, 1 derrota por decisión y 2 empates.


En septiembre de 1922 se hizo célebre cuando venció fácilmente por knock-out a la gran figura del boxeo francés Georges Carpentier. Estaba presente en esa ocasión el joven Ernest Hemingway, quien fuera célebre escritor.

Mucho le costó a Siki esta victoria. Los admiradores del campeón francés Carpentier no le perdonaban que le hubiese ganado y derribado a su ídolo. Cuando Siki se subió al ring en París (Francia) en su próxima pelea muchos acudieron al combate para ver rodar sobre la lona al espigado hombre de ébano senegalés. Su contrincante era un buen boxeador, entrenado de nombre Nilles, campeón semi-pesado de Europa.

La vida desordenada del senegalés hacía suponer que sería derrotado; sin embargo, al subir al ring Siki y arrojar su bata lejos de sí, apareció un hombre hercúleo con decisión de vencer, derrotando a Nilles por la vía rápida del knock-out.

Los comentaristas y aficionados del boxeo comprendieron ese día la fortaleza del boxeador Siki.

La prensa parisina, en el “Le Petit Parisien”, señalaba: “Siki mueve los brazos como aspas amenazadoras  en contra de todas las reglas del boxeo; pero esto es una simple engañifla. De ese torbellino de brazos salen oportunamente unos uppercuts que derriban en el acto”.

Luego de su victoria ante Nilles, Siki se dedicó a escandalizar a toda la ciudad de París, con sus excesos con el licor. Poseía un buen humor que le hizo tener gran popularidad. Era dispendioso con su dinero. Todas las fiestas donde asistía terminaban a golpes.


Siendo campeón mundial semi-pesado, perdió su cetro por no haber entrenado lo suficiente. Fue en la ciudad de Dublín, ante el boxeador irlandés Mike MacTigue, el 17 de marzo de 1923. Partiendo luego de su derrota, a los Estados Unidos de Norteamérica en busca de nuevas oportunidades.

Los cronistas neoyorquinos se familiarizaron con las extravagancias de este púgil, haciéndolo aparecer frecuentemente en la prensa. Cuentan que un día se presentó en la famosa Quinta Avenida de la ciudad de Nueva York, lanzando billetes de a dólar, lo que produjo una larga interrupción del tráfico, despertando numerosos comentarios por la prensa.

Siki fue más célebre por su vida escandalosa fuera del ring que por sus victorias en el ring. 



Casado en dos ocasiones con mujeres de raza blanca, en Francia se casó con una holandesa en 1924 con quien tuvo 2 hijos y posteriormente, se casó ese mismo año, con la norteamericana, de nombre Lilian Werner, su viuda.

El 15 de diciembre de 1925, había sido detenido por un policía por presentar estado de ebriedad en las cercanías de la calle 42 de Manhattan (Nueva York), apareciendo su cuerpo sin vida, tirado en la calle, presentando dos disparos de arma, a corta distancia, realizados por su espalda, en la cercanía de su apartamento en esa ciudad.

Sus exequias se realizaron el barrio neoyorquino de Harlem, en la iglesia baptista abisinia. Cerca de 80 personas lo acompañaron a su velorio. Al salir, hubo que colocar cordones policiales para mantener el orden, siendo acompañado por una gran multitud de personas. Fue llevado hasta el cementerio de Flushing (Nueva York) y el Pastor Powell hizo una necrología sobre Siki, donde expresó: “Siki era conocido en todo el mundo como “El Hijo de Juncar” o el “Hércules Senegalés”. Ningún hombre nacido en Africa tuvo una vida tan dramática ni un fin tan trágico como este hermano que supo conquistar numerosas condecoraciones francesas en el campo de batalla. Si sus cualidades hubieran sido guiadas por el camino del bien y no inicuamente explotadas como lo fueron por hombres sin escrúpulos, algo mucho mejor se hubiera obtenido de este atleta de una raza que aún maltratan los prejuicios”. Y luego volviéndose hacia un grupo de hombres blancos, agregó: “Contemplad este ejemplo. Nosotros en estos momentos, sólo exigimos a la civilización moderna un poco más de piedad para con los hombres hijos de Juncar que vengan a instalarse en esta tierra”. La ceremonia del entierro se efectuó bajo los ritos mahometanos.

Murió a los 28 años de edad, de los cuales dedicó al boxeo 18. Su récord vitalicio fue de 64 victorias, 25 derrotas y 5 empates, con 35 knock-outs.

El año de 1993, fueron trasladados sus restos a su país natal Senegal, específicamente a la ciudad de St. Louis. Fue el primer campeón procedente del continente africano.